Enrique Hernández es un conocido divulgador sobre vulcanología con más de 53.000 seguidores en su página de Facebook Volcanes y Ciencia Hoy. Sus publicaciones nunca pasan desapercibidas y generan controversia, no solo por su estilo directo de abordar este tema, para algunos aún tabú, sino por su diagnóstico sobre lo que pasa en el subsuelo canario y sus quejas por la falta de más datos oficiales sobre la vigilancia volcánica en tiempo real. Este geoquímico, vulcanólogo e hidrogeólogo ofrece en esta entrevista su perspectiva sobre la gestión de la catástrofe en La Palma y lo que, cinco años después, se ha aprendido para futuras erupciones.
A su juicio, la mañana del 19 de septiembre de 2021 se tenía que haber elevado el nivel de alerta a naranja, en lugar de mantenerlo en amarillo, ya que se había producido el llamado sismo de ruptura y «la erupción era esperable en menos de 48 horas». Al respecto, Hernández cree que para la gestión de estas situaciones en España existe «un problema endémico, de tipo burocrático» que retrasa la toma de decisiones y además porque se encomendó la dirección del plan de emergencia «a una persona que no sabe de volcanes».
En el caso del Tajogaite, «podríamos haber tenido decenas de muertos, pero hubo mucha suerte», subraya este influencer de la vulcanología, que recomienda no volver a tentar la suerte en la siguiente ocasión, que la habrá en una tierra vocánicamente activa. De ahí que su mensaje sea, por un lado, mejorar los procedimientos de decisión pero también que se prepare a la sociedad para este tipo de catástrofes. Y esa labor preventiva cree que es una tarea aún pendiente: «Tenerife está preparada para una erupción suavecita, pero una como la ocurrida en La Palma le daría muchos problemas», advierte.

De cara a posibles emergencias similares en el futuro, ¿cuáles son las lecciones que nos ha dado la erupción del Tajogaite desde el punto de vista vulcanológico y de la protección civil?
«En La Palma tuvimos una erupción de lo más fuertecito que ha habido en la isla. Una erupción como esa en Tenerife va a dar muchos problemas. Pero hay otros escenarios peores. Imaginemos una erupción del tipo del monte Santa Helena, en la que los últimos dos kilómetros del Teide se derrumban hacia el norte. Eso ha ocurrido cuatro veces ya. Ahora sería la quinta. Yo tengo esperanza de que el Teide todavía no ha alcanzado la altura máxima, unos 4.000 o 4.500 metros, para llegar al límite. Entonces confío en que este escenario 3 tan violento no se produzca porque me parece que la probabilidad es bajísima. Como consuelo, puedo decir que eso tardará en ocurrir varios miles de años. Un escenario 2 es una erupción del estilo de Montaña Blanca, fonolítica, muy explosiva, con un periodo de recurrencia de unos 1.000 años, y la última fue hace 1.000, así que nos toca. Y es muy posible que en Tenerife empiece como una basáltica y pudiera pasar a una fonolítica, sobre todo si es en el interior de Las Cañadas. Si es en la ladera de Pico Viejo y se queda en la caldera, nos ha tocado la lotería. Si la erupción fuera en el escenario 1, como la del Chinyero, ¿dónde hay que firmar? Eso sería una bendición para la isla. Pero, si se forma una erupción fonolítica, no tenemos registros históricos de algo como eso, muy potente; habría que evacuar toda la isla».
¿Está preparada ya Tenerife para una erupción?
«La isla está preparada para un volcán suavecito. La de La Palma fue una fuertecita, vamos a llamarlo así. El sistema del Teide está dando señales. Está aumentando la temperatura de la cámara, que tiene más presión, más material, hasta que un día reventará. ¿Cuándo será? No lo sabe nadie».
Analicemos la gestión de la emergencia volcánica de 2021. ¿Hubo un sismo de ruptura en La Palma, una clara señal de que la erupción era ya cosa de horas, inminente?
«Sí, esa misma mañana hubo un sismo de ruptura, justo en el sitio donde hizo erupción. Inicialmente le pusieron una magnitud de 4,2. Ahí tenía que haberse pasado el semáforo a naranja. Sí o sí. La erupción era esperable en menos de 48 horas. Y esa mañana tenían la reunión del PEVOLCA. Y yo, cuando vi ese terremoto, dije: malo, malo. Llevábamos desde las seis de la mañana con el enjambre acelerado. Había terremotos todos a profundidades muy someras. Yo esperaba que hubiera más, que le costara más romper. El volcán de San Juan había roto por la misma fractura y subía hacia la zona de Tacande en dirección hacia Los Llanos. Entonces, se encontró una zona ya fracturada. Lo único que hizo fue abrirla de nuevo. Por eso fue tan rápido todo».

En la rueda de prensa ofrecida por el Cabildo de La Palma a las 13:00 horas del domingo 19 de septiembre de 2021, es decir, poco más de dos horas antes de iniciarse la erupción, no se comunicó ninguna variación con respecto al día anterior. Y la realidad es que el magma se había movido y la zona de mayor peligro se había ampliado a nuevos barrios y caseríos. ¿No se debió haber informado de esa circunstancia?
«En esa rueda de prensa no sabían ni la intensidad de los sismos que se habían producido. Fue tremendo. Pusieron, y lo digo sin pretender ofender, a un ingeniero forestal a cargo del PEVOLCA. Una persona que no sabe de volcanes. Y luego la ministra Reyes Maroto dijo: “Todo mi apoyo a los retenes contra incendios para que logren apagar el volcán”. Necesitamos un grado de conocimiento sobre la materia en los gestores públicos. El problema es que hay mucha gente que piensa que todo el mundo está preparado para gestionar este tipo de crisis, y no es así. Y, a pesar de saber que son incompetentes en ese trabajo, tiran para adelante. En el caso del director regional del IGN, Itahiza Domínguez, sabrá todo lo que quiera de geofísica, pero no sabe de volcanes. Stavros Meletlidis, del IGN, fue el único, el único que hizo las cosas sabiendo lo que hacía. Para empezar, les puso el puesto de mando en el único sitio donde sabía que ni la prolongación de la fisura ni la propia erupción les iban a afectar. Porque esa erupción tuvo un problema: ascendieron tres patas de magma. Una llegó a la superficie y las otras dos se quedaron atrás, por Jedey y Puerto Naos. Así que fue más complicado de lo que inicialmente parece».
La erupción era inminente; por lo menos parte de los miembros del comité científico del PEVOLCA así lo han llegado a declarar públicamente, aunque luego algunos, ante la polémica suscitada, han matizado esa expresión de un modo bastante extraño. Y en cuanto a la predicción del lugar, Carmen López, del IGN, ha dicho que acertaron con la predicción.
«Desde el día 18 de septiembre, 36 horas antes, los sismos superficiales estaban marcando el sitio».
¿Pero se tendría que haber tomado alguna medida de evacuación antes, ya que había un pronóstico de inminencia y unas coordenadas de dónde podría producirse la erupción?
«Aquí estamos ante un problema endémico, burocrático. En Italia, cuando se declara la catástrofe por erupción volcánica, se nombra a una persona al frente de Protección Civil que concentra la toma de decisiones para que sean rápidas. Esta persona acumula en sus manos más poder que el propio primer ministro. Puede manejar hasta ejércitos, si hace falta. ¿Por qué? Porque saben que las erupciones volcánicas son cuestión de horas, tienen que hacerlo rápido, porque, si no, la gente se les muere. Son sistemas de decisión críticos basados en una persona con los que se busca rapidez para evitar víctimas. El problema es que aquí, en España, tenemos un sistema burocratizado que es justamente a la inversa. Si es de nivel 1, lo llevará el Cabildo. Si es de nivel 2, el Gobierno de Canarias. Si es de nivel 3, el Estado. Y, mientras tanto, la patata caliente para uno y para otro. Y como no ha salido la lava, hay que informar a todas las partes y ver qué dicen todas las partes. Y eso fue lo que pasó».
Ante una situación como la de ese domingo 19 de septiembre de 2021 por la mañana, en la que hay una zona con las mayores probabilidades de que se produzca la erupción y evidencias de que era inminente, ¿no se debió hacer algo más por la población?
«Se sabía el punto con 36 horas de antelación. Entonces, eso es lo que se sabía. Pero, ¿cuál fue el problema? El problema fue que el trémor empezó casi en el mismo momento que la erupción. Entonces, desde las seis de la mañana, sí, había una actividad importante, pero no había evidencias claras de que el magma iba a salir tan pronto. Pero ese terremoto de 3,8 por la mañana que hizo bailar a la presentadora de televisión, para mí hubiera significado un semáforo naranja. Erupción en 24, 48 horas, sí. Y de aquella primera reunión del PEVOLCA tenía que haber salido el semáforo naranja. Pero es que fue muy rápido».

Muchos científicos y políticos han vendido la gestión de la emergencia como un éxito. Otras personas, en cambio, dicen que en la medida en que no se alejó a la gente del peligro a tiempo, no se puede considerar que sea un éxito, porque de milagro no hubo fallecidos en ese momento…
«Una de las cosas que me parece más desagradable y más terrible es el hecho de que a las dos o las tres de la mañana sacaran a gente de sus casas para evacuarla, cuando quienes gestionaban la emergencia sabían desde 24 horas antes que iban a evacuarlos. Y se veía con los mapas de avance de coladas. Yo hacía hecho mapas de avance de coladas con los vuelos de drones. Todos los días. ¿Y con qué objetivo? Preparar a la gente. Esta colada avanza a esta velocidad: va a 500 metros por hora o a 500 metros al día. Y yo decía: “Toda la gente que esté en esta zona, donde las flechas, que se prepare para evacuar, porque la lava va siguiendo las curvas topográficas”. Es bastante fácil verlo. Y luego una colada va apoyando a la siguiente, con lo cual se va extendiendo más. Pero no querían verlo. Además, se pusieron en un modo rutinario en el que todas las reuniones y todas las comunicaciones decían lo mismo. Con un retraso de entre 48 y 72 horas respecto a la realidad. Con lo cual la información que daban no era útil. Porque ya todo el mundo decía: “Bueno, eso pasó anteayer”».
En ese sentido, las grandes restricciones que tuvieron los evacuados para acceder a la zona, ¿se podían haber modulado mejor para que la gente pudiera llevarse más enseres, animales, objetos personales…?
«Sí. Hubiera dado más tiempo. Se podría haber gestionado eso muchísimo mejor. Pero en eso el que funcionó bien fue el Cabildo de La Palma, que puso todos los medios, y la gente, los guardias y todos los de aquí pusieron todo su empeño en que aquello saliera bien. Y lo hicieron estupendamente. Porque, sin saber, se coordinaron, y aquello funcionó. Pero hubo mucha, mucha suerte. Podríamos haber tenido decenas de muertos. Imaginémonos que en lugar de empezar la erupción donde empezó, lo hubiera hecho bajo las casas de El Paraíso. Hubo gente que salió viendo cómo la colada entraba en su casa».

Por lo que estamos hablando hasta ahora, lo peor de la gestión provino, sobre todo, de la parte política, ¿no? Porque de la parte científica, hasta ahora, pues, no…
«Yo hice el curso de vulcanología del CSIC del año 2005, impartido por Ramón Ortiz y Joan Martí. Hicimos un simulacro de erupción en el Ayuntamiento de Yaiza. Y allí hablamos del hipotético caso de un volcán en Lanzarote. Y allí, después de un sismo de ruptura, se sabe que puede venir la erupción. Así podría ocurrir en Tenerife: en tres, cinco u ocho días, la erupción estará fuera. En aquel supuesto en Lanzarote, tardaba cuatro días en subir. ¿Cómo saben que tarda ese tiempo? Por la velocidad ascensional de los trozos extraordinarios de olivina que se ven en las coladas de Timanfaya. Y para que esas piedras se hayan arrastrado el dique arriba, el dique tiene que subir rápido. Porque, si no, aquello se hunde. Porque son piedras que pesan mucho. Entonces, el cálculo que hicieron es que las piedras, para subir desde diez kilómetros a la superficie, tenían que tardar tres días. Hicieron ese cálculo sencillo. El problema que ahora estamos gestionando en Tenerife superaría con mucho a La Palma».
¿Se deberían publicar las actas y las grabaciones de las reuniones del PEVOLCA antes de la erupción para que conozcamos cuál fue el criterio de cada uno de los organismos científicos?
«Mucha gente actúa bajo la promesa de que nunca se sabrá de quién fue la decisión. Si un juez así lo decide, tendrán que presentarse las actas. A mí me parece bien que sean secretas, ya que las deliberaciones son como son. En este caso no ha habido víctimas. Si hubiera habido víctimas mortales, sí o sí se habrían hecho públicas, porque habría un responsable: si el científico ha dicho que eso iba a pasar y el político de turno ha dicho que no, el responsable es el político de turno».
Hay muchos científicos que, después de la erupción, dijeron que habían advertido de que era inminente. Y la palabra inminente tiene un valor jurídico: en el plan de emergencias significa semáforo naranja y evacuación preventiva.
«Inminente son 24-48 horas. Los políticos se van a salvar como puedan con todas las medidas que estén a su alcance. Y si estas medidas son coaccionar y amenazar a las personas que les molestan, lo van a hacer. En El Hierro, en 2011, si tú decías algo, te quedabas sin trabajo, pasabas a la lista negra. Y a los que se salían del tiesto los amenazaban con denunciarles por agitación y falsedad. Entonces, cuando uno pone algo en internet, puedes decir que es falso lo que dice o puedes mirar a ver qué dice. El problema es que si esa persona se basa rigurosamente en artículos científicos y en datos y hechos concretos que nadie puede decir que son falsos, ya no son rumores, sino información cierta y verídica».

¿Qué pasa bajo la cumbre de Tenerife? Desde tu punto de vista, aunque ya lo has adelantado, ¿cómo explicas lo que ha estado pasando?
«En octubre de 2016 tenemos actividad en la dorsal sur de Adeje, la parte sur que va a Los Cristianos. Y ahí el magma se abre camino y forma un canal de entrada. Y luego tenemos actividad en el centro. Después tenemos actividad en la dorsal noroeste. Se para y otra vez actividad en el centro. Y hemos tenido actividad en la dorsal noreste y también se ha parado y actividad en el centro. Resulta que las tres dorsales se han activado. ¿Dónde está el punto de mayor presión? Justo donde se dan las erupciones más chungas de la isla, las fonolíticas. Vemos en la isla sedimentos blanquitos, como las capas de una tarta, que permiten ver un poco la historia que cuentan esos sedimentos. Nos cuentan que se abre con una explosión. Además, sobre esa capa blanca, se ven piedras y trozos de una erupción que golpea la superficie negra. Además, los efectos de la ceniza dependerán mucho del tiempo meteorológico, y como el viento va a ser cambiante, puede ir pillando a las distintas partes de la isla».
¿Qué tendrían que hacer los organismos públicos en Tenerife para prevenir todo tipo de situaciones y no solo el escenario más cómodo? ¿Y qué podrían también hacer los ciudadanos?
«Decía Lucy Jones, geóloga del Servicio Geológico de los Estados Unidos, refiriéndose a los terremotos en Los Ángeles, que las catástrofes van a ocurrir, hagamos lo que hagamos, y que en eso no manda ningún político ni nadie. Y decía: “La ciudad se tiene que preparar para un terremoto”. Y los ciudadanos tienen que estar preparados para esos terremotos, tener su mochilita, saber dónde está su punto de evacuación. Y en el caso de Tenerife, ¿se ha informado de cuáles son las rutas de evacuación? No, es que la gente ni siquiera sabe cuáles son los peligros. Pero aquí el mayor peligro está en que no se evacúe a la gente a tiempo, porque las carreteras van a fallar, por distintos motivos: la ceniza, los desprendimientos, los propios terremotos… Y la propia gente las va a atascar en las dos direcciones. Mucha gente me llamaba alarmista, pero la realidad es que ahora mismo, en Canarias, la gente no sabe qué hacer en caso de una emergencia volcánica».

El Cabildo de Tenerife está haciendo algunos simulacros, aunque para un reducido número de habitantes…
«Hacer simulacros está muy bien porque conciencia a la gente y le dice que realmente está en una zona donde pueden pasar esas cosas. Y el objetivo es mejorar la efectividad de las administraciones a la hora de trabajar en una catástrofe. Y en estos simulacros hay que elegir muy bien dónde se pone el puesto de mando. Lo único que puedes hacer ante una catástrofe es prepararte. ¿Por qué no se da nada de este tema en los institutos de secundaria de Canarias? ¿Por qué no se educa desde abajo?»
En Tenerife, hasta ahora el comité científico del PEVOLCA insiste en que no han aumentado las probabilidades de erupción por la actividad sísmica de la última década. Es decir, algunas probabilidades hay, pero no han aumentado a corto y a medio plazo.
«El problema de las probabilidades es otro. ¿En qué datos te vas a basar? ¿En los datos históricos? Tenemos una ventana muy pequeña. Creo que Involcan ha hecho bastantes estudios más acertados; han aplicado simple estadística. Basándose en estas erupciones volcánicas, conocidas, verificadas, históricas, saben que la probabilidad es tanto. Pero, claro, si cogemos millones de años…»
En tiempos geológicos nunca sabremos cuál es la tendencia futura…
«Es cuestión de tener un poco más de visión, de contexto. Por ejemplo: Icod de los Vinos era un valle mayor que el de La Orotava. Y todo ese valle se rellenó de lavas y se formó un estratovolcán enorme que es el Teide-Pico Viejo. Desde su base hasta la altura que tiene ahora son 3 kilómetros. Eso ha ocurrido en solo 180.000 años. Estamos hablando de erupciones que han soltado una cantidad tremenda de material. O sea, la pregunta no es si habrá o no erupción. Porque erupción va a haber, pero no sabemos cuándo».

Hay una falsa creencia en Tenerife: que los volcanes son cosas de la cumbre, algo que sale lejos de zonas habitadas…
«Realmente toda Tenerife es un volcán. Y la gente en esta isla debe saber lo que ha ocurrido en el pasado geológico de la isla. Por ejemplo: la erupción de Los Abrigos, hace 180.000 o 170.000 años. Cuando se había caído el Teide. Formó una columna de 55 kilómetros de altura. Y cayeron piroclastos aéreos sobre toda la isla. En Porís de Abona se ven muy bien esos sedimentos, de más de 20 metros. Cuando vas por la autopista del sur de Tenerife, ves un libro abierto de geología. Ves los almagres rojos, que te dicen que allí un día hubo un suelo fértil, sobre el que corrió una colada de lava y lo convirtió en cerámica, como las tejas de los tejados se hacen cociendo el barro. Me gustaría que la gente fuera más consciente de la isla donde vive y estuviera más preparada».
De Gran Canaria se habla poco, pero es volcánicamente activa aún…
«Gran Canaria, en su pasado, tiene cosas todavía más gordas que Tenerife: calderas de explosión, como la de Bandama, y los materiales del Roque Nublo, que son riolitas, todavía peores que las fonolitas. Las últimas erupciones que ha habido allí han sido todas basálticas. Yo supongo que aquello ya no tiene cámara. O está apagado. Pero no lo sabe nadie. Porque, además, no ha mostrado signos ni de actividad hidrotermal».
Una de tus reivindicaciones es que los datos de vigilancia volcánica sean públicos en tiempo real…
«Hay 100 estaciones volcánicas en Tenerife, pero solo se puede acceder a los datos de dos. ¿Y de gases y geodésicas? No están en tiempo real. Con un sistema que falla más que una escopeta de feria. Nos enseñan una figura de los datos, pero los datos en sí no puedes usarlos, no los puedes descargar».
¿Tiene sentido el aviso amarillo en La Palma?
«Hay una anomalía de gases en Puerto Naos. Si no se vigila, se pueden meter en zona habitada. El CO₂ se acumula en los bajos de los edificios. En las Azores también hicieron un protocolo para eso, prohibiendo dormir en los pisos bajos. Hay que ir poco a poco concienciando a la gente y abriendo Puerto Naos a la población. Por eso ha continuado en a


